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Todavía mami pregunta por vos

Aunque ya no estás, sigues apareciendo en medio de nuestras conversaciones rotas. No te imaginas cuántas veces alguien dice tu nombre sin querer, y se le humedecen los ojos como si el alma aún no supiera que te fuiste. Todavía hablamos de ti, como si nos escucharas desde la otra habitación. Como si fueras a entrar de pronto, con esa risa que desarmaba el mundo. Decimos: "Te acuerdas cuando decía tal cosa?" "Esto le habría encantado..."' "Cómo se habría reído de esto" Te seguimos incluyendo en todo... en el café, en los silencios, en los sueños. A veces hasta en los enojos, porque dolerte también es parte de amarte. Todavía hablamos de ti, no para retenerte, sino para no olvidarnos de quiénes éramos cuando estabas. Porque tú... tú eres parte de todo. Y aunque la vida se nos partió en dos, tu nombre sigue encendido. No lo hemos enterrado. No lo hemos soltado. Lo llevamos en la boca como se lleva un poema como se carga una oración. Y si te preguntas si te...

Mi amigo no vino a rescatarme…

… vino a quedarse mientras yo aprendía a salvarme. No fue el que decía “todo va a estar bien” todos los días, pero fue el que se sentó a mi lado cuando todo se sentía mal. No me dio soluciones, no intentó cambiarme… solo me acompañó sin prisa, sin condiciones. Nos conocimos entre risas, planes y charlas sencillas, pero fue en el silencio, en el cansancio, en los días sin color… donde descubrí el valor de su presencia. Nunca me exigió estar bien. Solo estuvo. Y en ese “estar” encontré el consuelo que no sabía que necesitaba. Una vez le dije: “Gracias por quedarte”. Y me respondió: “No estoy aquí por lo que das, sino por lo que eres, incluso cuando no puedes más.” Y eso es la amistad de verdad: esa que no busca brillar, pero que nunca deja que te hundas solo. Hoy sonrío de nuevo… y sé que fue por mí, pero también por él. Porque hay amigos que no te salvan… pero se aseguran de que no te pierdas.